El poeta hispano Aurelio Prudencio nos presenta de este modo, en su obra Contra Symachum (357. d. C.), la continuidad de Roma en el Cristianismo. Me pareció un texto bonito y, por ello, aquí os lo dejo para que podáis disfrutarlo. Un abrazo.
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"Dios enseñó a los pueblos venidos de todas partes a inclinar su cabeza ante las mismas leyes y a hacerse romanos todos; aquellos a los que baña el Rin, o el Istro (Danubio), o el Tajo aurífero, o el caudaloso Ebro; [...] o los que son alimentados por el Ganges, o se lavan en las siete bocas del Nilo templado. El mismo derecho los ha hecho iguales y los ha reunido con el mismo nombre; una vez dominados, los ha ligado con vínculos fraternos. Se vive en todas partes como si de conciudadanos de nacimiento se tratase, abrigados por las murallas de la misma ciudad natal... Porque las sangres se mezclan y una sola raza surge de los diversos pueblos. Todo esto se ha hecho gracias a los grandes éxitos y triunfos del Imperio romano.
Créeme: así quedó dispuesto para la venida de Cristo el camino que construyó, bajo la dirección de Roma, nuestra paz, nuestra concordia pública [...]
Lo contrario de la romanidad se llama, indiferentemente, barbarie, paganismo, estupidez bestial, mientras que la romanidad es, esencialmente, cristianismo y humanización llevada a la perfección en la sabiduría de la fe".


